
Esta época de pandemia nos enseña lo
vulnerable que somos, creímos que con la tecnología resolveríamos las
situaciones de comunicación a distancia, pero la comunicación tecnológica vino
a separar la comunicación de los vínculos afectivos de manera presencial.
Quiero alzar la voz de manera desesperada,
hablo y no me entienden, me escuchan, pero no logran descifrar el mensaje.
¿A caso no me estoy comunicando correctamente?
Como explicar que ante esta situación de emergencia sanitaria lo importante es
la vida, cuidar la salud humana para poder conservar el derecho de poder
disfrutar las maravillas de nuestro entorno.
El mundo nos está mandado un mensaje claro,
debemos parar, no vivir de manera acelerada, hemos dejado de apreciar los atardeceres,
las noches estrelladas, la luna cambiado sus fases, los colores extraordinarios
que nos regala el cielo, las formas de las nubes, etc.
¡Basta! Quiero que me escuchen con el
corazón, necesitamos ser mejores personas, entender que formamos parte de este
hogar llamado planeta, y que todos los seres vivos que lo habitan tienen los
mismos derechos que los humanos.
Me duele ver el sufrimiento, pero más me
duele ver la apatía y la falta de empatía frente a situaciones adversas.
Dejemos a un lado las formas, prioricemos lo realmente importante, y como dice Antoine de Saint en su majestuosa obra el principito.
“He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”
Aprendamos
a ver con el corazón y escuchar con el alma, en este mundo tan materializado se
ha perdido lo esencial, lo esencial es actuar con el corazón, liberémonos de
todos los estereotipos, del cascaron que esta sociedad nos ha colocado,
desgarremos las etiquetas y aprendamos a vivir desde el espíritu, alma y corazón.
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